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Adoracion Permanente online (de 8 a 20 hrs)

«Bendito y alabado sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar:
sea por siempre bendito y alabado Jesús sacramentado»

VÍDEO EN DIRECTO

    
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«Rogad al dueño de la mies que envíe operarios a su mies».

 
Los fieles de la capilla de adoración permanente de la parroquia Nuestra Señora del Huerto elevan sus oraciones rogando especialmente a Dios por las vocaciones sacerdotales y religiosas.
 
El horario de adoración es de 8 a 20 hs. todos los días del año.
 

Material sobre la Adoración

EL JUSTO VIVE DE LA FE

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“…el justo vivirá de la fe” (Rm 1,17)

Quería reflexionar un poco sobre esta verdad:“el justo vivirá de la fe” (Rm 1,17). Destaquemos en primer lugar que la palabra “justo” en la Biblia se identifica con la palabra “santo”. Así por ej. se nos dice de San José, el más santo luego de la Virgen María, que “era justo” (Mt 1,19).

Nos invita Dios entonces a que, para llegar a la santidad, nos animemos a vivir de la fe; pero ¿qué implica esto? En realidad implica muchas cosas, pero quería hacer hincapié solo en dos:

En primer lugar vivir de la fe hace referencia al modo con el cual encaramos toda nuestra vida; “la fe es la garantía de lo que se espera” (Heb 11,1) y por eso nos hace sentir de algún modo “forasteros y extraños sobre la tierra” (Heb 11,13), teniendo los ojos puestos “en la Patria”, o sea en el cielo. Pero debemos tener en cuenta que a ese cielo hay que ganárselo, y desde este punto de vista la vida se transforma en un combate; de allí las palabras del sufrido Job: “milicia es la vida del hombre sobre la tierra” (Job 7,1); por eso San Pablo le recomendaba a Tito “Combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna a la que has sido llamado” (1Ti 6,12) y también decía cerca del término de su vida: “He combatido el buen combate, he llegado a la meta en la carrera, he conservado la fe”. 2Ti 4,7.

En segundo lugar como la fe es “la prueba de las realidades que no se ven” (Heb 11,1) nos hace ver que como en todo combate, también en el combate de la fe hay enemigos, y uno de ellos es el diablo; dice Dios en la Sagrada Escritura: “Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus del mal que están en el aire” (Efe 6,12). No hay que tener miedo a este adversario, porque estando con Dios nada puede hacernos; pero sí hay que saber que siempre buscará tentarnos y que la fe es el escudo que nos protege: “nuestro enemigo, el diablo, como león rugiente, anda buscando a quien devorar; resistidle firmes en la fe” (1P 5,8).

Para combatir este buen combate, para vivir de la fe, nada mejor que dedicar tiempo a estar con ese “Rey de reyes y Señor de señores” (1Ti 6,15) que sólo se deja ver a los ojos de la fe, ya que se encuentra oculto bajo las apariencias del pan y del vino. Como decía aquel gran santo propagador de la Adoración al Santísimo, San Pedro Julián Eymard, adorar al Señor en la Eucaristía es “El acto más santo, ya que es éste el ejercicio perfecto de todas las virtudes… de la fe, la cual es perfecta y completa cuando adora a Jesucristo oculto, velado y como anonadado en la Sacratísima Hostia”.

Dios mismo, hecho hombre y oculto bajo las apariencias de pan, nos espera todos los días, para robustecer esa virtud tan importante que es la fe, virtud que es necesaria para vivir bien esta vida y ganarnos el cielo. ¡No falte a esta Cita!

CONSOLAR A JESÚS

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“Consolad a vuestro Dios”
(frase del Ángel a los pastorcitos)

Es por todos conocida la aparición de Nuestra Señora a los 3 pastorcitos de Fátima: Francisco y Jacinta Marto, que tenían 9 y 7 años, y Lucía quien en ese momento tenía 10. Es la primera vez en la historia de la Iglesia que dos niños no mártires alcanzan el honor de los altares a tan corta edad, pues Francisco murió a los 11 años y Jacinta a los 10.

El P. Buela, en un libro llamado “Fátima, y el sol bailó” (que se los recomiendo vivamente) afirma “estoy convencido de que sin Fátima es imposible comprender el siglo XX”.

El mensaje de Fátima es riquísimo, y en varios aspectos la Santísima Virgen quiso prevenir y evitar males muy grandes que finalmente ocurrieron, como fue el caso de la segunda guerra mundial.

Otro mal del siglo pasado, muy unido a este último, fue la pérdida del sentido del pecado; Pío XII en 1946 afirmaba “el pecado de nuestro siglo es la pérdida del sentido del pecado”.

El mensaje de Fátima trata de contrarrestar este nefasto mal por medio de la idea de la reparación. Estamos hablando de algo que toca las profundidades de Dios y, por tanto, que tiene mucho de misterio… pero pongamos un ejemplo bien cercano: un hijo que ofende a su madre, si la quiere mucho, no sólo le va a pedir perdón, sino también le hará un regalo (un cariño, una atención, etc.) y de este modo sentirá que compensa (repara) por su falta de amor. Y de igual modo, si ve que su hermano ofende a su madre, tratará de consolarla con un acto semejante, aunque no sea culpa suya.

Eso mismo debería pasar en nuestra relación con Dios, con su Hijo Jesús, con la Santísima Virgen. Esto de reparar es algo muy elevado pero para lo cual no hace falta mucho conocimiento sino mucho amor. Estos tres pastorcitos lo entendieron sin saber si quiera leer ni escribir.

En quien más penetró esta idea de reparación fue en el beato Francisco; copio algunas de sus frases que comentaba a Lucía y a Jacinta, hablando de Jesús y María: “si yo pudiera consolarle”, “me gusta más consolar a Nuestro Señor”, “Estoy pensando en Dios que está muy triste debido a tantos pecados, ¡si yo fuera capaz de darle alegría!”, “si con estos sufrimientos podemos consolarlos, ya quedamos contentos”, “ellos están tan tristes”, “¿estará todavía tan triste?”; “lo ofrezco para consolar al Señor”, “sufro para consolar al Señor”, “ante todo, lo quiero consolar”...

Una muy buena manera de consolar a Jesús (y a María) es acompañarlo en la Eucaristía; comenta Lucía:

“Cuando íbamos a la escuela, a veces, al llegar a Fátima, Francisco me decía:

–Ahora, tú vas a la escuela. Yo quedo aquí en la iglesia, junto a Jesús escondido. No vale la pena aprender a leer, pues dentro de muy poco me marcho al Cielo. Cuando regreséis, pasad por aquí a llamarme.

Incluso estando enfermo prefería pasar horas ante “Jesús escondido” que estar en cama.

Lucía en una oportunidad pensaba no ir al lugar de las apariciones, y Francisco le dijo:

– ¡Pero, qué tristeza! ¿Por qué tú piensas ahora así? ¿No ves que no puede ser el demonio? Dios ya está tan triste con tantos pecados y ahora, si tú no vas, estará todavía más triste. Anda, ven”.

Cada vez que sea nuestra hora de adoración, recibamos como para nosotros estas palabras del beato Francisco: “Dios ya está tan triste con tantos pecados y ahora, si tú no vas, estará todavía más triste. Anda, ven”.

¿POR QUÉ HACER UNA HORA SANTA?

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¿POR QUÉ HACER UNA HORA SANTA?
Mons. Fulton Sheen

1. Porque es tiempo ocupado en la Presencia de Nuestro Señor en persona. Si la fe es viva, no se necesita ninguna otra razón.

2. Porque en nuestra vida tan ocupada, exige mucho tiempo el sacudirse los “demonios de mediodía”, las preocupaciones mundanas que se adhieren a nuestras almas como el polvo. Una hora con el Señor sigue la experiencia de los discípulos en el camino a Emaús (Lc 24,13-35). Nosotros empezamos caminando con Nuestro Seños pero nuestros ojos “están ciegos”, de modo que no “Lo reconocemos”. Luego, Él conversa con nuestra alma, como hemos leído en las Escrituras. El tercer paso es uno de dulce intimidad, como cuando “Él se sentó a la mesa con ellos”. El cuarto es el completo amanecer del misterio dela Eucaristía. Nuestros ojos están “abiertos” y lo reconocemos. Finalmente, llegamos al punto en que no queremos irnos.

La hora pareció tan corta. Al levantarnos preguntamos:

¿No es verdad que nuestro corazón estaba ardiendo dentro de nosotros mientras nos hablaba en el camino, mientras nos abría las Escrituras?          Lc 24, 32

3. Porque Nuestro Señor lo pidió.

No habéis podido pues, una hora velar conmigo.           Mt 26,40

La palabra fue dirigida a Pedro, pero él fue entonces nombrado Simón. Es nuestra naturaleza-Simón la que necesita la hora. Si la hora parece pesado, es debido a que:

El Espíritu está dispuesto, pero la carne es débil                               Mc 14,38

4. Porque, como nos dijo Santo Tomás de Aquino, el poder del sacerdote sobre el corpus mysticum (cuerpo místico) emana de su poder sobre el corpus physicum (cuerpo físico) de Cristo. Es porque consagra el Cuerpo y Sangre de Cristo, por lo que el sacerdote puede enseñar, gobernar y santificar a los miembros de la Iglesia. Prácticamente, esto significa que entra al confesionario desde el pie del altar, que sube al púlpito después de haber actualizado el misterio de la Redención. Cada llamada de enfermo, cada palabra de consejo en el locutorio, cada lección de catecismo enseñada a los niños, cada acto oficial en la cancillería, brota del altar. Todo el poder reside ahí, y mientras más “atajos” tomemos desde el tabernáculo hacia nuestras otras tareas sacerdotales, menos fuerza espiritual tendremos para ellas.

La Eucaristía en la fons et capus (fuente y principio) de todos los bienes espirituales de la Iglesia” Urbi et Orbi, mayo 8, 1907.

De la Eucaristía los otros sacramentos reciben su eficacia. (Catecismo Romano, parte II, capitulo 4, n·47)

Si todos los sacramentos, si toda nuestra predicación, confesión, administración y ministerio, comienzan con esa flama de amor, ¿cómo podemos rehusar ser iluminados por ella durante una hora al día?

5. Porque la hora santa mantiene su equilibrio entre los espiritual y lo práctico. Las filosofías accidentales tienden a un activismo en el que Dios no hace nada y el hombre lo hace todo. Las filosofías orientales tienen a un quietismo en el que Dios hace todo y el hombre nada. La regla de oro es: surgite pod quam sederetis: la acción sigue al descanso; Marta caminando con María; contemplata  allis tradere (comunicar a los demás las cosas contempladas) para decirlo con Santo Tomás.

La hora santa une lo contemplativo a la vida activa del sacerdote.

Gracias a la hora con nuestro Señor, nuestras meditaciones y resoluciones pasan de lo consciente a lo subconsciente y se convierten en motivos de acción. Un nuevo espíritu empieza a penetrar en nuestras llamadas de enfermos, nuestros sermones, nuestras confesiones. El cambio es efectuado por Nuestro Señor que llena nuestro corazón y trabaja a través de nuestras manos.

Un sacerdote tan solo puede dar lo que posee. Para dar a Cristo a otros, uno debe poseerlo.

6. Porque revelaciones hechas por el Sagrado Corazón a almas santas indican que aún profundidades inexploradas de ese corazón están reservadas a los sacerdotes. Existen velos de amor detrás, que sólo el sacerdote puede penetrar, y de los cuales saldrá con una unción y poder sobre las almas más allá de sus propias fuerzas.

La “casa” del sacerdote no es la rectoría. Él está “en casa” solamente cuando Cristo está presente. Ahí, él solo, aprende los secretos del amor. Con Santa margarita María se quejó el Sagrado Corazón de que muy pocos sacerdotes contestan su exclamación: “Sed tengo”. (Jn 19,28). Sus palabras a ella fueron: “Tengo una sed ardiente de ser honrado en el Santísimo Sacramento, y con trabajos encuentro a alguien que haga esfuerzos de a cuerdo con mis deseos para apagar esa sed correspondiéndome en algo”.

7. Porque la Hora Santa nos hará practicar lo que predicamos. Apena el Sagrado Corazón ver una escandalosa disparidad entre el alto ideal del sacerdocio y su pobre realización.

El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró las bodas de su hijo y envió a los ciervos a llamar a los convidados, más ellos no quisieron venir” (Mt 22, 2 3).

Fue escrito de Nuestro Señor que él “saldría a hacer y enseñar” facere et docere (Hc 1, 1). Sacerdote que practica la hora santa verá que cuando él enseña, la gente dirá de él lo mismo que del Señor:

Todos estaban maravillados de las palabras llenas de gracia que salían de sus labios (Lc 4, 22)

8. Porque la hora santa nos convierte en instrumentos obedientes de la divinidad. En la Eucaristía existe este doble movimiento: 1· del sacerdote al corazón de la Eucaristía; y 2’ del sacerdote al pueblo. El sacerdote que se ha entregado al corazón de Nuestro Señor, es conocido por Nuestro Señor como “disponible” para sus propósitos. El sacerdote se encuentra dotas de un poder extra debido a su docilidad en las manos de su maestro. Dios otorga algunas gracias directamente a las almas, como un hombre da limosna al pobre que se encuentra en la calle. Pero el Sagrado Corazón desea que grandes gracias sean distribuidas a las almas a través de las manos de sus sacerdotes.

La efectividad de los sacerdotes tiene poco y nada que ver con sus dotes naturales. Un sacerdote eucarístico será un mejor instrumento del Señor entre las almas que un sacerdote erudito que le ame menos. Una de las promesas hechas a sacerdotes hechas a sacerdotes que aman el Sagrado Corazón es “Yo daré a tales sacerdotes el poder de tocar los corazones más endurecidos”.

9. Porque la hora Santa nos ayuda a hacer reparación tanto por los pecados del mundo como por los nuestros. Cuando el Sagrado Corazón se apareció a Santa Margarita María, era su corazón, y no su cabeza, el que estaba coronado de espinas.

Era amor herido, misas negras, comuniones sacrílegas, escándalos, ateísmo militante, ¿quién rezará pro ellos? ¿Quién será un Abraham intercediendo por Sodoma, una Virgen María para aquellos que  no tiene vino? Los pecados del mundo son nuestros pecados, como si nosotros los hubiéramos cometido. Si provocaron en Nuestro señor un sudor de sangre, hasta el punto de que recombino a sus discípulos por no quedarse con Él durante una hora, preguntaremos con Caín ´

¿Soy yo acaso el que guarda de mi hermano? (Gn 4,9)

El sacerdote que pregunta qué puede hacer él sobre el comunismo, sabe que las batallas se ganan cuando sus manos están elevadas, como aquellas de Moisés en oración.

10. Porque restaurará nuestra perdida vitalidad espiritual.

Nuestros corazones estarán en donde estés nuestras alegrías.

Una de las razones porque muchos no pueden progresar después de años en el sacerdocio es que no quieren arrojar el peso completo de sus vidas sobre Nuestro Señor. Dejan de buscar su alegría en la unión de su sacerdocio con la inmolación de Cristo. Algunas veces seguirán siendo tercos, aferrándose a las cosas del sentido, olvidándose de que la puerta de la Eucaristía, no es en realidad una puerta: no es ni siquiera una pared, porque ahí lo tenemos “derribando de en medio el muro de separación” (Ef 2, 14).

El Sagrado Corazón prometió a través de Santa Margarita María “hacer a sus sacerdotes como espadas de dos filos, que harán brotar la fuente santa de la penitencia”. Aún nuestras mejores vidas son débiles, tal ves quebradas como la porcelana china cuando se rompe, por lo que vamos hacia el Sagrado Corazón y pedimos ut congregata restaures, et restaurata conserves (que restaures lo que está unido y conserves lo restaurado). Necesitamos sementarnos de nuevo en la unidad por medio del amor, ¿y en qué otro lado puede encontrarse ese amor excepto en el sacramento de la unidad?.

11. Porque la hora Santa es la “hora de la verdad”. Sólo con Jesús, ahí nos vemos a nosotros mismo, no como la gente nos ve, juzgándonos siempre mejor de lo que somos, sino como el Juez nos ve. Si tomamos en serio la alabanza, nada desbarata tanto nuestra presunción como el darnos cuenta del desamparo al que el Señor del Cielo se ha reducido bajo las especies de pan. Nuestros fracasos, faltas de caridad a otros sacerdotes, precipitadas respuestas a aquellos cuyo aspecto nos ofenden, azucarada amabilidad a los bien vestidos, búsqueda del rico, el evitar al pobre, nuestra Misa apresurada, nuestra impaciencia en el confesionario; el Santçisimo Sacramento expulsa de nuestras conciencias todas estas cosas. Vivir en pecado grave o venial, llega a ser intolerable para el sacerdote que practica la hora santa. Es como tener un doctor a la mano que nos advierte de un cáncer progresivo. Eventualmente, llegamos a pedir al médico divino que nos alivie.

Ningún pecado es un pecado oculto en la meditación, no se dan excusas. Sacamos al pecado de su guarida y lo presentamos a Dios. Nosotros siempre supimos que dios lo veía, pero en la hora santa lo vemos nosotros. Nuestros pecados son colocados ante nuestros ojos, no como una debilidad humana, sino como una nueva crucifixión de Nuestro Señor:

Escudríñame, oh Dios, y explora mi corazón, examíname y observa mi intimidad. Mira si ando por el falso camino y condúceme por la senda antigua.          (Sal 138, 23=24).

Pero no hay necesidad de temer, porque durante la hora santa entramos a las cámaras privadas de Juez, hacemos amistad con él antes de juicio mientras hacemos reparación por nuestros pecados.

12. Porque reduce nuestro riesgo a la tentación y a la debilidad. Presentarno ante Nuestro Señor en el Santísimo sacramento es como sacar un paciente tuberculoso al sol y al aire puro. El virus de nuestros pecados no puede existir por mucho tiempo ante aquel que es la luz del mundo.

Tengo siempre a Yahvé ante mis ojos, porque con él a mi diestra no seré conmovido. (Sal 15, 8).

Se evitan nuestros impulsos pecaminosos, levantando cada día la barrera de la hora santa. Nuestra voluntad se dispone al bien con muy pequeño esfuerzo consiente de nuestra parte.

A Satanás, el león rugiente, no se le autorizó para que adelantara su mano para tocar al justo Job, hasta que recibió permiso (Job 1,12). Ciertamente, el Señor evitará una serio caída de el, en el que vigila (1Cor 10,13). Con absoluta confianza en su Señor Sacramentado, el sacerdote tendrá una resistencia espiritual, se repondrá rápidamente de una caída.

Aunque caí me levantaré y si me senté en tinieblas mi luz es Yahvé. Sufriré la indignación de Yahvé porque he pecado contra Él hasta que Él juzgue mi causa y me haga justicia. (Mq 7,8=9)

El Señor estará a favor aún del más débil de nosotros. Si nos encuentra a sus pies en adoración disponiéndonos a recibir los valores divinos. No acababa Saulo de Tarso, el perseguidos, de humillarse ante se Hacedor cuando Dios envió un mensajero especial para su alivio diciéndole que él está en oración (Hc 9,11). Aún el sacerdote que ha caído puede esperar renovación si vigila y hace oración.

Los multiplicaré para que no sean pocos… y los honraré para que no sean despreciados (Jer 30, 19.20).

13. Porque la hora santa es una oración personal. La Misa y el breviario son oraciones oficiales, pertenecen al cuerpo Místico de Cristo. No nos pertenecen a nosotros personalmente. EL sacerdote que se limita estrictamente a sus oraciones y cultos oficiales, es como el hombre del sindicato que deja la herramienta en el momento en que suena el silbato. El amor empieza cuando termina el deber. Es el dar la capa cuando se ha entregado el abrigo. Es caminar una milla extra.

Antes que ellos clamaren, responderé, y cuando ellos aún estén hablando yo les habré escuchado (Is 65, 24).

Desde luego, nosotros no tenemos que hacer una hora santa, y ese es justamente el punto. El amor nunca es premiado, acepto en el infierno. Ahí el amor tiene que someterse a la justicia. El ser forzado a amar sería una especie de infierno.

Ningún hombre que ame a una mujer está obligado a darle un anillo de compromiso; y ningún sacerdote que ame a Sagrado Corazón tiene que dar una hora de compromiso “¿a quién iríamos?” (Jn 6,68) es amor débil; “¿Duermes?” (Mc 14, 37) es amor irresponsable; “tenía grandes bienes” (Mt 19, 22; Mc10,28) es amor egoísta, pero, ¿tiene el sacerdote que ama a su Señor tiempo para otras actividades antes de hacer actos de amor “por encima y más allá de la voz del deber”?¿ama al paciente al doctor que cobra por cada llamada o empieza a amarlo cuando el doctor dice “sólo pasé para ver cómo seguía”?.

La meditación evita que busquemos un escape externo a nuestras preocupaciones y miserias.  Cuando existen dificultades en la rectoría, cuando estás los nervios de punta por falsas acusaciones, siempre existe el peligro de que miramos hacia fuera para liberarnos, como hicieron los israelitas:

14. Porque así dice el Señor, Yahvé, el Santo de Israel: convirtiéndoos y estando quietos seréis salvos, en la tranquilidad y en  al confianza está vuestra fuerza, pero vosotros no quisisteis, sino que dijisteis: “No, antes bien huiremos a caballo”, y así tendréis que huir. “Montaremos caballos veloces”; por eso serán veloces vuestros perseguidores. (¿Is 30,15.16).

Ningún escape hacia afuera, ni placer, ni bebida, n amigos, ni mantenerse ocupados, es una respuesta. El ama de un sacerdote no puede “volar sobre un caballo”; debe tomar  “alas” hacia un lugar en donde “su vida está escondida con Cristo en Dios” (Col 3,3).

LA HORA QUE DA SENTIDO A MI VIDA

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LA HORA QUE DA SENTIDO A MI VIDA
Arzobispo Fulton J. Sheen
-Apóstol de la Hora Santa ante el Santísimo Sacramento-

En el día de mi Ordenación, tomé dos decisiones:

1. Que ofrecería la Sagrada Eucaristía todos los sábados, en honor a la Santa Madre, para implorar su protección sobre mi sacerdocio. (La Epístola a los Hebreos ordena al sacerdote ofrecer sacrificios no sólo por los demás, sino también por sí mismo, ya que sus pecados son mayores debido a la dignidad de su oficio).

2. Resolví también que todos los días pasaría una Hora Santa en presencia de Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento.

He mantenido ambas decisiones en el curso de mi sacerdocio. La Hora Santa se originó en una práctica que desarrollé un año antes de ser ordenado. La capilla grande del Seminario de San Pablo cerraba a las seis de la tarde; todavía había capillas privadas disponibles para devociones privadas y oraciones nocturnas. Esa tarde en particular, durante el recreo, caminé durante casi una hora, de un lado a otro, por la parte de afuera de la capilla mayor. Un pensamiento me surgió –¿Por qué no hacer una Hora Santa de adoración en presencia del Santísimo Sacramento?- Empecé al día siguiente, hoy la práctica ya lleva más de sesenta años.

Expondré brevemente algunas razones por las que he mantenido esta práctica, y por lo que la he fomentado en los demás.

Primero, la Hora Santa no es una devoción; es una participación en la obra de la Redención. En el Evangelio de san Juan, Nuestro Santísimo Señor usó las palabras ´hora´ y ´día´ en dos connotaciones totalmente diferentes. ´Día´ pertenece a Dios; la ´hora´ pertenece al maligno. Siete veces en el Evangelio de san Juan, se usa la palabra ´hora´, y en cada instancia se refiere al demonio, y a los momentos en los que Cristo ya no está en las Manos del Padre, sino en las manos de los hombres. En el huerto de Getsemaní, Nuestro Señor contrastó dos ´horas´ –una era la hora del mal ´esta es vuestra hora´– con la que Judas pudo apagar las luces del mundo. En contraste, Nuestro Señor preguntó: ´¿No pueden velar una hora Conmigo?´ En otras palabras, Él pidió una hora de reparación para combatir la hora del mal; una hora de unión víctima con la Cruz para sobreponernos al anti-amor del pecado.

En segundo lugar, la única vez que Nuestro Señor les pidió algo a sus Apóstoles, fue la noche de su agonía. No se lo pidió a todos… tal vez porque sabía que no podía contar con su fidelidad. Pero al menos esperaba que tres le fueran fieles, Pedro, Santiago y Juan. Desde ese momento, y muy seguido en la historia de la Iglesia, el mal está despierto, pero los discípulos están durmiendo. Es por eso que de Su angustiado y solitario Corazón salió el suspiro:           
´ ¿No pueden velar tan solo una hora Conmigo?´.  
El no rogaba por una hora de actividad, sino por una hora de compañía.

La tercera razón por la que mantengo la Hora Santa es para crecer más y más a semejanza de Él. Como lo plantea san Pablo: ´Nos transformamos en aquello en lo que fijamos nuestra mirada´. Al contemplar el atardecer, la cara toma un resplandor dorado. Al contemplar al Señor Eucarístico una hora, transforma el corazón de un modo misterioso, así como el rostro de Moisés se transformó luego de Su compañía con Dios en la montaña. Nos pasa algo parecido a lo que les pasó a los discípulos de Emaus, el domingo de Pascua por la tarde, cuando el Señor los encontró. Él les preguntó por qué estaban tan tristes, y después de pasar algún tiempo en Su presencia, y oír nuevamente el secreto de la espiritualidad –´El Hijo del Hombre debe sufrir para entrar en Su Gloria´– el tiempo de estar con Él terminó, y sus ´corazones ardían´.

La Hora Santa. ¿Es difícil? Algunas veces parecería ser difícil; podría significar tener que sacrificar un compromiso social, o levantarse una hora más temprano, pero en el fondo nunca ha sido una carga, sólo una alegría. No quiero decir que todas las Horas Santas hayan sido edificantes como, por ejemplo, aquella en la Iglesia de San Roch en París. Entré en la Iglesia alrededor de las tres de la tarde, sabiendo que tenía que tomar un tren a Lourdes dos horas más tarde. Sólo hay unos diez días al año en los que puedo dormir durante el día; y este era uno de esos. Me arrodillé, y recé una oración de adoración, y luego me senté a meditar e inmediatamente me quedé dormido. Al despertar le dije al Buen Señor:´¿Habré hecho una Hora Santa?´ Pensé que Su ángel me decía: ´Bueno, esa es la forma en la que los Apóstoles hicieron su primera Hora Santa en el huerto de Getsemaní, pero no lo hagas otra vez´.

Una Hora Santa difícil que recuerdo fue cuando tomé un tren de Jerusalén a El Cairo. El tren partió a las cuatro de la mañana; eso significó levantarse muy temprano. En otra ocasión en Chicago, una tarde a las siete, le pedí permiso al párroco para entrar a su iglesia para hacer una Hora Santa, ya que la iglesia estaba cerrada. Más tarde él se olvidó de que me había dejado entrar, y me pasé alrededor de dos horas tratando de encontrar una manera de escapar. Finalmente salté por una pequeña ventana y aterricé en la carbonera. Esto asustó al casero, que vino en mi auxilio.

Al principio de mi sacerdocio hacía la Hora Santa durante el día o a la tarde. Al acumularse los años, me volví más ocupado, y hacía la Hora temprano a la mañana, generalmente antes de la Santa Misa. Los sacerdotes, como todas las personas, se dividen en dos clases: gallos y búhos. Algunos trabajan mejor por la mañana, otros durante la noche.

El objetivo de la Hora Santa es fomentar un encuentro personal y profundo con Jesucristo. El santo y glorioso Dios nos invita constantemente a acercarnos a Él, conversar con Él, para pedirle las cosas que necesitamos y para experimentar la bendición de la amistad con Él. Cuando recién nos ordenamos, es fácil darnos por entero a Cristo, porque el Señor nos llena entonces de dulzura, de la misma manera en que una madre le da un caramelo a su bebe para animar su primer paso. El entusiasmo, sin embargo, no dura mucho; rápidamente aprendemos el costo del apostolado, que significa dejar redes y barcos, y contar mesas. La luna de miel termina pronto, como también el engreimiento de oír por primera vez aquel estimulante título de ´Padre´.

El amor sensible o amor humano disminuye con el tiempo, pero el Amor Divino no. El primero concierne al cuerpo, que responde cada vez menos a los estímulos, pero en el orden de la gracia, la respuesta de lo Divino, a lo pequeño, los actos humanos de amor se intensifican.

Ni el conocimiento teológico, ni la acción social sola, son suficientes para mantenernos en amor con Jesucristo, a menos que ambos estén precedidos por un encuentro personal con Él.

Moisés vio la zarza ardiendo en el desierto que no se alimentaba de ningún combustible. La llama, sin alimentarse de nada visible, continuaba existiendo sin destruir la madera. Una dedicación tan personal a Cristo no deforma ninguno de nuestros dones naturales, disposiciones o carácter; sólo renueva sin matar. Como la madera se transforma en fuego, y el fuego perdura, así nos transformamos en Cristo y Cristo perdura.

He descubierto que lleva algún tiempo enfervorizarse rezando. Esta ha sido una de las ventajas de la Hora diaria. No es tan corta como para no permitir al alma abismarse, y sacudirse las múltiples distracciones del mundo. Sentarse ante Su Presencia es como exponer el cuerpo al sol para absorber sus rayos. El silencio en la Hora es como un tête-à-tête con el Señor. En esos momentos, uno no saca tanto oraciones escritas, sino que escucha más. No decimos: ´Oye, Señor, porque Tu siervo habla´, sino ´Habla, Señor, que Tu siervo escucha´.

He buscado muchas veces una manera de explicar el hecho de que nosotros los sacerdotes debemos conocer más a Jesucristo, que más sobre Jesucristo. Muchas traducciones de la Biblia usan la palabra ´conocer´ para indicar la unión carnal de dos-en-uno. Por ejemplo: ‘Salomón no la conocía´, lo que significaba que no había tenido relaciones carnales con ella. La Santa Madre le dijo al Ángel en la Anunciación: ‘No conozco ningún hombre.´ San Pablo exhorta a los maridos a poseer a sus mujeres en ´conocimiento´. La palabra ´conocer´ aquí indica unidad carnal de dos-en-uno. La cercanía de esa identidad proviene de la cercanía de la mente con cualquier objeto que conozca. Ningún cuchillo podría separar mi mente de la idea que ella tiene de una manzana. La unión extática de marido y mujer descrita como ´conocimiento´ debe ser el fundamento de ese Amor por el cual el sacerdote ama a Cristo.

Intimidad es… apertura sin reservas, que no guarda ningún secreto, y revela el corazón abierto a Cristo. Demasiadas veces los amigos son sólo “dos barcos que pasan en la noche”. El amor carnal, a pesar de que parece íntimo, a menudo puede ser un intercambio de egoísmos. El ego se proyecta en la otra persona, y lo que se ama no es la otra persona, sino el placer que la otra persona brinda. He notado a lo largo de mi vida que cuando yo retrocedía ante las demandas que el encuentro me había impuesto, me volvía más ocupado, y más preocupado con actividades. Esto me daba una excusa para decir: ´No tengo tiempo´, como un marido que puede absorberse en el trabajo, y olvidarse del amor de su mujer.

Es imposible para mí explicar lo útil que fue la Hora Santa para preservar mi vocación. La Escritura brinda una considerable evidencia para probar que un sacerdote comienza a fallar en su sacerdocio cuando falla en el amor a la Eucaristía. Demasiado seguido se asume que Judas cayó porque amaba el dinero. La avaricia es rara vez el principio del error, y la caída de un embajador. La historia de la Iglesia prueba que hay muchos con dinero que se han quedado en ella. El principio de la caída de Judas, y el fin de Judas, ambos giran en torno a la Eucaristía. La primera vez que se menciona que Nuestro Señor sabía quién era el que lo iba a traicionar, es al final del capítulo seis de san Juan, que es la anunciación de la Eucaristía. La caída de Judas llegó la noche que Nuestro Señor instituyó la Eucaristía, la noche de la Ultima Cena.

La Eucaristía es tan esencial para nuestra unión con Cristo, que ni bien Nuestro Señor la anunció en el Evangelio, comenzó a ser la prueba de fidelidad de Sus seguidores. Primero, perdió las masas, porque era muy duro en sus palabras, y ya no lo siguieron. En segundo lugar, perdió algunos de sus discípulos: ´Ellos ya no caminaron más con Él´. Tercero, dividió su grupo de apóstoles, ya que aquí, Judas es anunciado como el traidor.

Por lo tanto, la Hora Santa, más allá de sus beneficios espirituales, previno mis pies de deambular muy lejos. Estar atado a un Sagrario, la propia soga no es tan larga para encontrar otras pasturas. Esa tenue lámpara del tabernáculo, aunque pálida y difusa, tiene una misteriosa luminosidad para oscurecer el brillo de ´las luces brillantes´. La Hora Santa se volvió como un tanque de oxígeno para revivir el soplo del Espíritu Santo en el medio de la sucia y hedionda atmósfera del mundo. Aún cuando parecía tan poco provechoso, y carente de intimidad espiritual, todavía tenía la sensación de ser al menos como un perro en la puerta de su amo, listo en caso de que me llamase.

La Hora, también, se volvió un magisterio, y una maestra, ya que aunque antes de amar a alguien debemos conocer a esa persona, sin embargo, después sabemos, que es el Amor el que aumenta el conocimiento. Las convicciones teológicas no sólo se obtienen de las dos coberturas de un libro formal, sino de dos rodillas sobre un reclinatorio ante un Sagrario.

Finalmente, haciendo una Hora Santa cada día constituía para mí un área de la vida en la que podía predicar lo que practicaba. Muy pocas veces en mi vida prediqué ayunar en una manera muy rigurosa, ya que siempre el ayuno me pareció extremadamente difícil; pero podía pedirle a otros que hagan la Hora Santa, porque yo lo hacía.

Algunas veces me hubiera gustado haber llevado un registro de las miles de cartas que he recibido de sacerdotes y laicos contándome cómo había sido la práctica de la Hora Santa. Cada retiro para sacerdotes que predicaba tenía la Hora Santa como resolución práctica. Demasiadas veces los retiros son como las conferencias sobre salud. Hay un acuerdo general sobre la necesidad de salud, pero falta una recomendación específica sobre cómo ser saludable. La Hora Santa se transformó en un desafío para los sacerdotes del retiro, y después cuando los videos de mis retiros estaban disponibles para los laicos, era edificante leer sobre los que respondían a la gracia, cumpliendo una hora diaria frente al Señor. Un monseñor, por debilidad ante el alcohol, y el consecuente escándalo, se le ordena dejar su parroquia, y fue puesto a prueba en otra diócesis, de donde vino a mi retiro. Respondiendo a la Gracia de Dios, dejó el alcohol, fue restituido efectivamente en su sacerdocio, siguió haciendo la Hora Santa todos los días, y murió en Presencia del Santísimo Sacramento.

Como ejemplo de la gran amplitud de efectos de la Hora Santa, una vez recibí una carta de un sacerdote en Inglaterra que decía, son sus propias palabras: “Dejé el sacerdocio, y caí en un estado de degradación.” Un sacerdote amigo lo invitó a oír el cassette sobre la Hora Santa de un retiro que había predicado. Respondiendo a la Gracia, fue restituido nuevamente al sacerdocio, y se le confió el cuidado de una parroquia. La Divina Misericordia produjo en él, un cambio, y recibí esta carta:

´La semana pasada tuvimos nuestra Solemne Exposición anual del Santísimo Sacramento. Animé a bastantes personas a venir y velar todo el día, y todos los días, y así no teníamos que reservar el Santísimo Sacramento por la falta de personas para velar. La última tarde, organicé una procesión con los Primeros Comulgantes, tirando pétalos de rosas delante del Señor. Los hombres de la parroquia formaron una Guardia de Honor. El resultado fue sorprendente: había más de 250 personas presentes para la procesión fina, y la Hora Santa. Estoy convencido de que nuestra gente está buscando muchas de las viejas devociones que muchas de las parroquias han sacado, y esto pasa porque nosotros los sacerdotes no podemos ser molestados con incomodidades. El año que viene espero que la Exposición Solemne sea aun con más cantidad de gente ya que ahora se está conociendo la noticia. El último par de semanas he empezado un grupo de estudio de la Biblia; esto es para animar a nuestra gente a leer la Palabra de Dios. Comienzo con la lectura de las Escrituras que meditamos esa tarde; luego tenemos una breve exposición del Santísimo Sacramento, y meditación hasta el momento de la Bendición. He empezado también a recorrer las calles alrededor de la parroquia, y rezo Misa cada semana en una casa de cada cuadra, e invito a toda la gente de esa calle a venir y participar. La respuesta ha sido bastante buena, teniendo en cuenta que recién empiezo. No me quiero convertir en un sacerdote activista, así que me levanto temprano hago mi Hora Santa. Aun tengo mis problemas personales para controlar, pero he tomado coraje de sus palabras: ´tendrás que combatir muchas batallas, pero no te preocupes porque al final ganarás la guerra ante el Santísimo Sacramento´.

Muchos laicos que han leído los libros u oído los casettes, también están haciendo la Hora Santa.

Otro de los frutos de la Hora Santa es la sensibilidad a la Presencia Eucarística de Nuestro Divino Señor. Me acuerdo de haber leído en Lacordaire, el famoso orador de la Catedral de Notre Dame en París: ´dame un joven que pueda atesorar por días, semanas y años, el regalo de una rosa, o el apretón de la mano de un amigo´.

Viendo al principio de mi sacerdocio que cuando la sensibilidad y la delicadeza se pierden, los matrimonios se destruyen y los amigos se separan, tome varias medidas para conservar esa responsabilidad. Recién ordenado, y como estudiante en la Universidad Católica de Washington, nunca entraba a clase, sin antes subir la escalera hasta la capilla en Caldwell Hall para hacer un pequeño acto de amor a Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento. Mas tarde en la Universidad de Louvain en Bélgica, entraba a visitar a Nuestro Santísimo Señor en cada una de las iglesias por las que pasaba para llegar a clase. Cuando seguí el trabajo de graduación en Roma, y fui a la Angelicum y Gregoriana, visitaba cada iglesia en el camino desde la zona del Trastevere donde vivía. Esto no es nada fácil en Roma, porque hay iglesias en casi todas las esquinas. Fred Allen dijo una vez que Roma tiene una iglesia en una esquina, para que se pueda rezar antes de cruzar la calle, y la iglesia en la otra esquina, para agradecer a Dios de haberlo logrado.

Tiempo después como profesor en la Universidad Católica en Washington, arreglé para poner una capilla al frente de mi casa. Esto es para que siempre pudiera, antes y después de salir, ver la lámpara del Sagrario como una señal para ir a adorar el Corazón de Jesucristo por lo menos por unos pocos segundos. He tratado de ser fiel a esta practica durante toda mi vida, y aun ahora, en el departamento en New York donde vivo, la capilla está entre mi estudio y mi dormitorio. Esto quiere decir que no me puedo mover de un área, de mi pequeño departamento, a la otra sin al menos una genuflexión, y una pequeña jaculatoria a nuestro Señor en el Santísimo Sacramento.

Capítulo XII de la Autobiografía ´Treasure in Clay’

 
 

1. Adoración Permanente

¿Por qué la Adoración Perpetua?

Porque es la manera que tenemos de dar una respuesta constante en el tiempo hacia Quien no deja de ser Dios y de amarnos de amor eterno. Pero, la Adoración Eucarística Perpetua conlleva, como consecuencia de lo anterior, otro mérito: en tiempos en los que nuestras iglesias están a menudo cerradas, una capilla siempre abierta, para quienquiera allegarse a cualquier hora del día o de la noche, es como los brazos siempre abiertos de Jesús, dispuesto a acoger a todo hombre. Es también una respuesta al clamor del Papa Juan Pablo II, vuelto también suyo de Benedicto XVI: “¡Abridle las puertas a Cristo! ¡Abrídselas de par en par!”

Los motivos que hacen única a la Adoración Perpetua son que el Señor sea adorado incesantemente y que la iglesia esté siempre abierta.

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2. Crónica de la Adoración permamente

Y dijeron los hechiceros al Faraón: este es el dedo de Dios. Ex 8,15

“Dígitus Dei est hic”… el dedo de Dios, el poder de Dios, según San Agustín el Espíritu Santo… Esta expresión ha pasado a ser un proverbio en la lenguaje cristiano para indicar la intervención evidente de la Providencia, y fue la que se me vino a la mente estando ante el Santísimo junto a tres adoradores de la adoración continua que hace ya diez días que está en marcha en la parroquia “Ntra. Sra. del Huerto” (Santiago de Chile).

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