Porque es la manera que tenemos de dar una respuesta constante en el tiempo hacia Quien no deja de ser Dios y de amarnos de amor eterno. Pero, la Adoración Eucarística Perpetua conlleva, como consecuencia de lo anterior, otro mérito: en tiempos en los que nuestras iglesias están a menudo cerradas, una capilla siempre abierta, para quienquiera allegarse a cualquier hora del día o de la noche, es como los brazos siempre abiertos de Jesús, dispuesto a acoger a todo hombre. Es también una respuesta al clamor del Papa Juan Pablo II, vuelto también suyo de Benedicto XVI: “¡Abridle las puertas a Cristo! ¡Abrídselas de par en par!”
“Dígitus Dei est hic”… el dedo de Dios, el poder de Dios, según San Agustín el Espíritu Santo… Esta expresión ha pasado a ser un proverbio en la lenguaje cristiano para indicar la intervención evidente de la Providencia, y fue la que se me vino a la mente estando ante el Santísimo junto a tres adoradores de la adoración continua que hace ya diez días que está en marcha en la parroquia “Ntra. Sra. del Huerto” (Santiago de Chile)
“...un rato de verdadera adoración eucarística tiene más valor y fruto espiritual que la más intensa actividad,
aunque se tratase de la misma actividad apostólica” (Juan Pablo II, 24/11/1978)